Los peligros de negar el Génesis histórico: cuando la creación se convierte en un mito
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Por qué la interpretación liberal de Génesis 1–11 pone en riesgo doctrinas esenciales del evangelio
Durante los últimos dos siglos, una de las mayores batallas dentro del cristianismo no ha sido únicamente moral o cultural, sino hermenéutica: ¿cómo debemos interpretar los primeros capítulos de Génesis? Mientras la teología histórica de la Iglesia ha afirmado que Génesis 1–11 narra acontecimientos reales ocurridos en la historia, gran parte de la teología liberal sostiene que estos capítulos son mitos, leyendas o relatos simbólicos destinados únicamente a comunicar verdades religiosas.
Esta diferencia no es un asunto secundario. De la manera en que interpretamos Génesis dependen doctrinas tan fundamentales como la creación, la caída, el pecado original, la necesidad de la redención y la obra de Cristo como el segundo Adán. Negar el carácter histórico de Génesis no solo altera la doctrina de los orígenes; termina debilitando la estructura completa del evangelio.
¿Qué enseña la teología liberal sobre Génesis?
La teología liberal, influenciada por el racionalismo y la crítica histórica de los siglos XIX y XX, suele afirmar que Génesis 1–11 pertenece al género del mito antiguo. Según esta visión:
· Adán y Eva representan a la humanidad, pero no fueron personas históricas.
· El jardín del Edén sería una parábola sobre la condición humana.
· La serpiente simbolizaría el mal, no un acontecimiento real.
· El diluvio sería una adaptación de mitos mesopotámicos.
· La torre de Babel sería una explicación legendaria del origen de los idiomas.
En el ámbito académico contemporáneo, es común encontrar estas interpretaciones que consideran los primeros once capítulos como literatura mitopoiética más que historia.
Así que el problema aparece cuando el género literario se utiliza para negar la historicidad de los hechos narrados.
La Biblia presenta Génesis como historia, no como fábula
Una lectura cuidadosa del texto muestra que Génesis posee las características propias de la narrativa histórica hebrea.
1. Tiene una secuencia cronológica
Los acontecimientos aparecen unidos por la fórmula repetitiva:
“Y fue la tarde y la mañana…”
El relato avanza día tras día con continuidad temporal, no como una colección de símbolos desconectados.
2. Incluye genealogías reales
Génesis 5 y 11 registran nombres, edades, descendientes y líneas familiares. Estas genealogías conectan a Adán con Noé y posteriormente con Abraham, formando una sola historia de la redención.
Si Adán fuese un personaje mítico, toda la genealogía bíblica perdería su valor histórico.
3. Jesús trató a Adán y Eva como personas reales
Nuestro Señor dijo:
“¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?” (Mateo 19:4).
Cristo fundamentó la doctrina del matrimonio en un acontecimiento histórico: la creación del hombre y de la mujer.

Cinco peligros de interpretar Génesis como un mito
1. Destruye el fundamento del pecado original
La Biblia enseña que el pecado entró al mundo mediante un hombre.
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre…” (Romanos 5:12).
Pablo no habla de un símbolo colectivo. Habla de un individuo histórico llamado Adán. Si Adán nunca existió, entonces surge una pregunta inevitable: ¿cómo entró realmente el pecado al mundo?
La doctrina de la imputación descansa sobre un Adán histórico. Así como el pecado de un hombre fue imputado a su descendencia, la justicia de otro Hombre, Cristo, es imputada a los creyentes.
2. Debilita la autoridad de Cristo
Jesús citó Génesis repetidamente:
· La creación (Mateo 19)
· Abel (Lucas 11:51)
· Noé y el diluvio (Mateo 24)
Nunca sugirió que fueran relatos ficticios. Si el Hijo de Dios entendió estos eventos como reales, resulta peligroso afirmar que Él simplemente acomodó su lenguaje a una creencia popular.
Aceptar esa idea conduce a cuestionar la veracidad del propio Cristo.
3. Convierte la caída en una experiencia psicológica
La teología liberal suele redefinir la caída como el momento en que la humanidad tomó conciencia moral.
Pero Génesis enseña algo muy distinto:
· hubo una tentación;
· hubo una desobediencia;
· hubo una maldición;
· hubo muerte física y espiritual;
· hubo expulsión del Edén.
Sin una caída histórica, el pecado deja de ser una rebelión contra Dios y pasa a convertirse simplemente en una imperfección humana.
4. Vacía de sentido la obra del segundo Adán
Pablo establece un paralelismo perfecto:
Adán | Cristo |
Hombre histórico | Hombre histórico |
Introdujo el pecado | Trajo justicia |
Trajo muerte | Trae vida |
Cabeza de la humanidad caída | Cabeza del nuevo pueblo de Dios |
Si el primer Adán es simbólico, el argumento de Romanos 5 pierde su simetría. El evangelio deja de apoyarse en hechos históricos y se convierte en una metáfora espiritual.
5. Abre la puerta para reinterpretar el resto de las Escrituras
La historia demuestra que quienes comienzan negando el Génesis histórico rara vez se detienen allí.
Frecuentemente aparecen nuevas reinterpretaciones sobre:
· los milagros,
· el nacimiento virginal,
· la resurrección,
· el juicio final,
· el infierno.
Por eso la discusión no es únicamente sobre Génesis; es sobre la autoridad de toda la Escritura.
¿Literal significa ignorar los géneros literarios?
Aquí es importante hacer una precisión.
La Teología Ortodoxa no defiende una lectura literalista que ignore figuras del lenguaje. Decimos que debemos interpretar el texto literal-gramatical e históricamente-redentivo.
Eso significa:
· reconocer metáforas donde existen;
· entender símbolos cuando el contexto los indica;
· pero afirmar como reales los acontecimientos que el autor presenta como historia.
Por ejemplo:
· la serpiente habló realmente;
· el árbol era un árbol real;
· Adán fue un hombre verdadero;
· Eva fue creada por Dios;
· el Edén existió.
La cuestión no es negar el lenguaje figurado, sino negar que los hechos ocurrieron. Incluso algunos teólogos evangélicos han señalado que el debate no debe confundirse entre “literalismo” y “factualidad”: Génesis presenta actos reales de Dios en la historia.
La interpretación de los apóstoles confirma el Génesis histórico
Los escritores del Nuevo Testamento nunca trataron Génesis 1–11 como una colección de parábolas.
Pedro habla del diluvio como un juicio mundial (2 Pedro 3:5–6).
Hebreos presenta a Abel, Enoc y Noé como hombres reales de fe (Hebreos 11).
Pablo construye la doctrina de la salvación sobre Adán y Cristo (Romanos 5; 1 Corintios 15).
La inspiración del Nuevo Testamento interpreta el Antiguo Testamento históricamente. Ese principio debe gobernar también nuestra hermenéutica.
¿Por qué el liberalismo insiste en llamarlo mito?
La razón principal no es exegética, sino filosófica.
Desde la Ilustración, muchos pensadores asumieron que los milagros y la intervención sobrenatural son imposibles. Si esa presuposición gobierna la lectura bíblica, entonces Génesis debe convertirse necesariamente en una leyenda.
En otras palabras, el problema no comienza con el texto, sino con la autoridad concedida a la razón humana por encima de la revelación divina.
La Reforma Protestante sostuvo el principio contrario: Scriptura sui ipsius interpres —la Escritura interpreta la Escritura. No sometemos la Biblia a la filosofía; sometemos nuestra filosofía a la Palabra de Dios.
Conclusión: si perdemos el Génesis, terminamos debilitando el evangelio
Los primeros once capítulos de Génesis no son un cuento para niños ni una fábula religiosa. Son el fundamento histórico de la historia de la redención. Allí conocemos al Creador, el origen del hombre, la entrada del pecado, la promesa del Redentor y el inicio del pacto de gracia.
Negar su historicidad no engrandece la Biblia ante la cultura moderna; por el contrario, debilita la autoridad de las Escrituras y rompe el vínculo que los apóstoles establecieron entre el primer Adán y el último Adán, Jesucristo.
Porque el evangelio no descansa sobre mitos, sino sobre hechos reales: un hombre realmente cayó y un Salvador realmente vino al mundo para rescatar a pecadores reales. Esa es la esperanza que Génesis anuncia desde el principio y que Cristo cumple perfectamente en el final de la historia.
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” — 1 Corintios 15:22 (RVR1960)







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