top of page

¿Qué dice la Biblia sobre el poliamor? Una respuesta cristiana frente a las nuevas ideas sobre el matrimonio

hace 1 hora
8 min de lectura

Papa y mama enseñando lo que dice la biblia a sus hijos.
Papa y mama enseñando lo que dice la biblia a sus hijos.

En los últimos años, el concepto de poliamor ha adquirido mayor visibilidad en conversaciones sobre las relaciones, la sexualidad y la familia. El término suele utilizarse para describir relaciones románticas o sexuales simultáneas con más de una persona, con conocimiento y consentimiento de quienes participan. La Asociación Estadounidense de Psicología define el poliamor como una práctica u orientación que implica mantener múltiples relaciones románticas o íntimas simultáneamente con el conocimiento y consentimiento de todos los involucrados.

Esto es importante porque el poliamor no debe confundirse simplemente con una infidelidad secreta. Sus defensores suelen presentarlo como una forma de relación basada en consentimiento, honestidad, comunicación y acuerdos entre las personas involucradas.

Pero aquí surge una pregunta fundamental para el cristiano:

¿El hecho de que una relación sea consensuada significa necesariamente que sea conforme a la voluntad de Dios?

La Biblia responde que la moralidad de una relación no depende solamente de lo que los participantes acuerden. Para el cristiano, la pregunta fundamental no es únicamente “¿todos están de acuerdo?”, sino “¿qué ha establecido Dios?”

Y para responderla debemos regresar al principio.

En las escrituras hay respuestas para la vida del ser humano
En las escrituras hay respuestas para la vida del ser humano

1. La Biblia comienza el matrimonio con un hombre y una mujer

Cuando queremos saber qué piensa Dios acerca del matrimonio, no debemos comenzar con las tendencias culturales contemporáneas, sino con el relato de la creación.

Génesis 2:24 dice:

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.”— Génesis 2:24, RVR1960

El patrón presentado desde el principio es claro: un hombre y su mujer, unidos en una relación que produce una nueva unidad: “una sola carne”.

No encontramos en este texto una estructura matrimonial compuesta por múltiples esposas o múltiples esposos. El diseño presentado en la creación establece una relación exclusiva entre el hombre y la mujer.

Jesús mismo regresó a este principio cuando fue interrogado acerca del matrimonio.

En Mateo 19:4-6, Cristo recordó que Dios creó al ser humano “varón y hembra” y añadió:

“Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.”

Jesús no modificó el diseño de Génesis. Lo reafirmó.

La expresión “los dos serán una sola carne” resulta especialmente importante. Cristo habla de dos, no de tres, cuatro o más personas.

2. El consentimiento no convierte cualquier relación en una relación bíblica

Uno de los argumentos utilizados para defender el poliamor es que, a diferencia de la infidelidad, existe consentimiento entre todos los participantes.

Ese elemento permite distinguirlo conceptualmente del adulterio secreto. Sin embargo, desde una perspectiva bíblica, el consentimiento no es el criterio definitivo para determinar si una práctica sexual es correcta.

La Biblia presenta a Dios como autoridad sobre la sexualidad humana.

Por ejemplo, Hebreos 13:4 declara:

“Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.”

La pregunta cristiana, entonces, no puede limitarse a:

“¿Todos están de acuerdo?”

Debe incluir:

“¿Esta relación corresponde al propósito que Dios estableció para el matrimonio?”

La Escritura coloca límites a la sexualidad humana porque el cuerpo, el matrimonio y la intimidad sexual pertenecen al orden creado por Dios.

3. ¿Pero la Biblia menciona hombres que tuvieron varias mujeres?

Esta es una de las preguntas más frecuentes.

Sí. El Antiguo Testamento registra casos de hombres que tuvieron varias mujeres. Entre ellos aparecen personajes como Abraham, Jacob, David y Salomón.

Sin embargo, registrar una conducta no significa necesariamente aprobarla.

La Biblia también registra asesinatos, engaños, adulterios, idolatría, violencia y otros pecados. El relato bíblico no convierte automáticamente en norma todo aquello que describe.

De hecho, las historias de familias polígamas muestran repetidamente conflictos, rivalidades, celos y divisiones.

Un ejemplo evidente aparece en la familia de Jacob. Lea y Raquel tuvieron una relación marcada por rivalidad y competencia, mientras sus hijos terminaron formando una familia profundamente conflictiva.

En el caso de David, sus múltiples relaciones familiares tampoco produjeron el modelo de armonía que Dios había establecido en la creación.

Por eso debemos distinguir entre descripción histórica y prescripción moral.

La Biblia puede decirnos que algo ocurrió sin decirnos que aquello representa el modelo que Dios desea para su pueblo.

4. Jesús lleva nuevamente el matrimonio al diseño de la creación

Una de las respuestas más importantes se encuentra en las palabras de Jesucristo.

En Mateo 19:4-6, Jesús no comenzó explicando las diferentes formas matrimoniales que habían aparecido a lo largo de la historia. Regresó al principio:

“¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo?”

Y después:

“Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.”

Finalmente añade:

“Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”

Hay una estructura muy clara:

varón + mujer → unión matrimonial → los dos → una sola carne.

El matrimonio bíblico no es simplemente un contrato entre personas que desean organizar su vida afectiva como prefieran. Tiene un diseño establecido por el Creador.


La enseñanza bíblica sobre el matrimonio también está relacionada con la formación de la familia y la transmisión de la fe a las siguientes generaciones.
La enseñanza bíblica sobre el matrimonio también está relacionada con la formación de la familia y la transmisión de la fe a las siguientes generaciones.

5. El matrimonio bíblico implica exclusividad y fidelidad

La Biblia no presenta el matrimonio solamente como una relación sentimental.

También habla de fidelidad.

Proverbios 5:18 dice:

“Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud.”

Y Malaquías 2:14 habla de la esposa como:

“tu compañera, y la mujer de tu pacto.”

El lenguaje del pacto es importante.

El matrimonio bíblico implica una promesa de fidelidad. El esposo y la esposa no están simplemente compartiendo afecto mientras sea conveniente. Han entrado en un pacto.

Por eso el adulterio aparece repetidamente condenado en las Escrituras.

El décimo mandamiento dice:

“No codiciarás la mujer de tu prójimo.”— Éxodo 20:17

Y Jesús profundizó incluso más en el Sermón del Monte al enseñar que el problema sexual también involucra los deseos del corazón.

La Biblia, por tanto, no presenta el amor como una autorización ilimitada para establecer múltiples vínculos sexuales o románticos.

6. “Pero nosotros nos amamos”: ¿es suficiente?

Esta es quizás una de las preguntas más profundas.

En nuestra cultura, muchas decisiones morales se justifican apelando al amor:

“Nos amamos.”

“Nadie está siendo obligado.”

“Todos están de acuerdo.”

“Somos felices de esta manera.”

Pero la Biblia no define el amor simplemente como la satisfacción de nuestros deseos.

El amor bíblico está unido a la verdad, la santidad y la obediencia a Dios.

Jesús dijo:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos.”— Juan 14:15

El amor verdadero no consiste simplemente en sentir intensamente algo por otra persona.

Para el cristiano, amar a Dios significa también someter los deseos personales a la autoridad de su Palabra.

Por eso la pregunta bíblica no es únicamente:

“¿A quién amo?”

También debemos preguntar:

“¿Cómo quiere Dios que ame?”

7. El problema de convertir el deseo humano en autoridad moral

Aquí encontramos uno de los grandes desafíos de nuestra época.

La cultura contemporánea tiende a colocar al individuo como autoridad final sobre su propia identidad, sus deseos y sus relaciones.

Si una persona siente algo, se considera que ese sentimiento debe convertirse necesariamente en una realidad que los demás deben aceptar.

Pero la perspectiva bíblica comienza de manera diferente.

El hombre no es el Creador.

Dios es el Creador.

Por eso el ser humano no determina por sí mismo qué es bueno y qué es malo.

Desde Génesis 3 vemos precisamente el problema de querer determinar el bien y el mal independientemente de Dios.

El pecado no consiste únicamente en hacer cosas evidentemente destructivas. También consiste en rechazar la autoridad de Dios para definir cómo debemos vivir.

Por eso la cuestión del poliamor es mucho más profunda que una discusión sobre preferencias sentimentales.

Es una pregunta acerca de quién tiene autoridad para definir el matrimonio.

8. El matrimonio apunta hacia Cristo y su Iglesia

El Nuevo Testamento presenta una dimensión todavía más profunda del matrimonio.

Efesios 5:31-32 cita Génesis:

“Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.”

Y Pablo inmediatamente añade:

“Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.”

El matrimonio tiene un significado que trasciende a los propios esposos.

Pablo utiliza la relación entre esposo y esposa para ilustrar la relación entre Cristo y su Iglesia.

Cristo tiene una relación de pacto con su pueblo.

La Iglesia es presentada como su esposa.

Esto ayuda a comprender por qué el matrimonio bíblico no puede reducirse simplemente a una estructura afectiva diseñada por las preferencias humanas.

El matrimonio forma parte del lenguaje mediante el cual Dios revela el evangelio.

9. ¿Es el poliamor simplemente una nueva versión de la poligamia?

No exactamente.

Es importante utilizar los términos correctamente.

La poligamia generalmente se refiere al matrimonio con múltiples cónyuges, mientras que el poliamor contemporáneo puede incluir múltiples relaciones románticas o sexuales, con conocimiento y consentimiento de todos los involucrados. La literatura académica suele ubicar el poliamor dentro de la categoría más amplia de relaciones consensualmente no monógamas.

Por eso no debemos afirmar que ambas cosas son idénticas.

Sin embargo, desde una perspectiva bíblica, la pregunta fundamental permanece:

¿La Escritura presenta la unión matrimonial como una relación exclusiva entre dos personas?

Los textos de Génesis 2 y Mateo 19 apuntan al modelo de “los dos” como una sola carne.

10. La Biblia no llama al cristiano a seguir cada nueva tendencia cultural

El cristiano está llamado a pensar bíblicamente.

Romanos 12:2 dice:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Esto significa que el creyente no debe aceptar una idea simplemente porque se haya vuelto popular.

Pero tampoco debe responder con odio, desprecio o violencia hacia quienes piensan de manera diferente.

La verdad bíblica y el amor cristiano no son enemigos.

El cristiano puede afirmar lo que enseña la Escritura y, al mismo tiempo, tratar a toda persona con dignidad, respeto y compasión.

11. ¿Qué debe hacer la iglesia frente al avance de estas ideas?

La respuesta no consiste solamente en denunciar.

La iglesia necesita enseñar.

Necesitamos enseñar a los jóvenes qué es el matrimonio antes de que la cultura les explique su significado.

Necesitamos enseñar a los matrimonios qué significa el pacto.

Necesitamos enseñar a los padres cómo hablar con sus hijos acerca de sexualidad desde la verdad bíblica.

Necesitamos enseñar que la sexualidad no es un accidente de la creación, sino un regalo de Dios que tiene límites establecidos por Él.

Y, sobre todo, necesitamos enseñar el evangelio.

Porque detrás de muchas discusiones sobre sexualidad existe una pregunta todavía más profunda:

¿Quién gobierna mi vida: mis deseos o Jesucristo?

La respuesta cristiana frente a los cambios culturales comienza con volver a la Palabra de Dios y dirigir la mirada hacia Cristo.
La respuesta cristiana frente a los cambios culturales comienza con volver a la Palabra de Dios y dirigir la mirada hacia Cristo.

12. La respuesta cristiana comienza con Cristo

La respuesta bíblica al poliamor no debe convertirse simplemente en una lista de prohibiciones.

El cristianismo no anuncia únicamente:

“No hagas esto.”

Anuncia:

“Ven a Cristo.”

Jesús murió y resucitó para salvar pecadores.

El evangelio nos llama al arrepentimiento y a la fe.

Eso significa reconocer que nuestros deseos no son una autoridad superior a Dios.

Significa someter nuestra vida a Cristo.

Significa aprender a llamar bueno a lo que Dios llama bueno y malo a lo que Dios llama malo.

Y significa encontrar en Cristo algo mucho más grande que la libertad para satisfacer cada deseo: el perdón, una nueva vida y una nueva identidad en Él.


Comentarios


bottom of page