Secretario de EE.UU Marco Rubio pide que los países y las familias vuelvan a la fe cristiana, “Herencia sagrada”
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Rubio durante su participación en Conferencia de Seguridad de Munich ha llamado a frenar la “civilización que se desmorona” y a devolver a la familia y a la fe a un lugar central en la sociedad occidental. En su discurso, el mandatario ha defendido que el cristianismo es una base imprescindible de la identidad de Estados Unidos y de Europa, y que esa raíz debe ser protegida frente a corrientes que la minimizan o ignoran.
“Estados Unidos se fundó hace 250 años, pero sus raíces se remontan a este continente mucho antes. El hombre que se asentó y construyó la nación que me vio nacer llegó a nuestras costas trayendo consigo los recuerdos, las tradiciones y la fe cristiana de sus antepasados como una herencia sagrada, un vínculo inquebrantable entre el viejo mundo y el nuevo”, explicó, señalando que Estados Unidos y Europa son “parte de una misma civilización: la civilización occidental”.
Señaló que “los hombres que construyeron mi país tomaron la fe cristiana de sus ancestros como una herencia sagrada” y que esa herencia es un “vínculo indestructible entre el Viejo y el Nuevo Mundo”.
En ese sentido, ha insistido en que la fe no es solo un asunto privado, sino una columna vertebral de la civilización occidental, que debe ser reconocida y defendida en la esfera pública. “La civilización que se desmorona” se ha convertido así en una expresión que resume su advertencia sobre el riesgo de perder raíces morales y espirituales que, sostuvieron la libertad y la estabilidad de Occidente.
Este discurso es un recordatorio de que la fe en Jesucristo no es secundaria, sino fundamental para la vida individual y comunitaria. La Biblia enseña que “si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmo 127:1), lo que nos deja en claro que la sabiduría y la dirección de Dios son necesarias para construir familias, naciones y civilizaciones saludables. Cuidar la fe y la familia no es solo una estrategia política, sino una respuesta a Dios que nos llama a vivir en obediencia, amor y servicio hacia los demás.
Preservar el legado cristiano, entonces, comienza no en los grandes discursos, sino en el corazón de cada persona que decide seguir a Cristo y testificarlo con su vida, “Guárdame, oh Dios, porque en ti me refugio” (Salmo 16:1).






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