Pastor chino perseguido denuncia torturas y advierte: “El Partido Comunista está intentando aplastar la religión”

Un testimonio que revela el costo de seguir a Cristo
La persecución contra los cristianos en China continúa siendo una realidad para miles de creyentes. En un reciente testimonio, un pastor chino perseguido relató las torturas físicas y psicológicas que sufrió mientras permanecía bajo custodia de las autoridades, afirmando que el Partido Comunista Chino (PCCh) está “intentando aplastar” toda expresión auténtica de la fe cristiana.
Sus palabras han conmovido a organizaciones dedicadas a la libertad religiosa y han vuelto a poner sobre la mesa la difícil situación de las iglesias no registradas, conocidas comúnmente como iglesias domésticas, que se reúnen fuera del control del Estado.
Aunque el gobierno chino sostiene que existe libertad de culto dentro del marco legal establecido, numerosos creyentes afirman que la vigilancia, las detenciones y las restricciones continúan intensificándose en distintas provincias del país.
“Era una carga muy pesada”: el relato de la prisión

Durante su relato, el pastor describió los largos interrogatorios, la privación del sueño y la presión constante para renunciar a su fe y colaborar con las autoridades.
Según explicó, el objetivo no era únicamente obtener información sobre otros creyentes, sino quebrantar espiritualmente a quienes lideran congregaciones cristianas independientes.
“Era una carga muy pesada”, expresó al recordar los meses de detención y el aislamiento al que fue sometido.
El líder cristiano señaló que, en varias ocasiones, fue amenazado con mayores condenas si continuaba predicando el evangelio después de recuperar su libertad. Aun así, afirmó que el Señor le sostuvo en medio del sufrimiento y que nunca dejó de orar por quienes lo perseguían.
Este tipo de testimonios refleja una realidad que muchos cristianos han experimentado a lo largo de la historia: la oposición al evangelio no es nueva, pero Dios permanece fiel en medio de la aflicción.
¿Por qué son perseguidas las iglesias domésticas?
En China existen iglesias aprobadas oficialmente por el Estado y congregaciones que deciden reunirse de manera independiente porque consideran que Cristo, y no el gobierno, es la máxima autoridad sobre la iglesia.
Las llamadas iglesias domésticas suelen caracterizarse por:
Reunirse en hogares o lugares discretos.
Predicar la Biblia sin supervisión estatal.
Formar discípulos y plantar nuevas congregaciones.
Rechazar la intervención política en la doctrina cristiana.
Muchos de sus pastores sostienen que registrar la iglesia bajo ciertos mecanismos gubernamentales puede implicar limitaciones sobre la enseñanza bíblica, el liderazgo y la evangelización. Por esa razón, algunos continúan reuniéndose clandestinamente, aun sabiendo que enfrentan multas, vigilancia o prisión.
El control religioso bajo el Partido Comunista Chino
El Partido Comunista Chino mantiene un amplio sistema de regulación sobre las actividades religiosas. Entre las medidas documentadas por organizaciones internacionales se encuentran la supervisión de reuniones, el uso de tecnología de vigilancia, restricciones a la educación religiosa de menores y el cierre de congregaciones consideradas ilegales.
Las autoridades argumentan que estas políticas buscan preservar el orden público y combatir actividades extremistas o ilegales. Sin embargo, defensores de la libertad religiosa sostienen que muchas de estas acciones afectan directamente a comunidades cristianas pacíficas cuyo único propósito es adorar a Dios y enseñar las Escrituras.
El pastor entrevistado afirmó que la presión no se limita a los líderes, sino que alcanza también a las familias de los creyentes, quienes frecuentemente enfrentan amenazas laborales, dificultades educativas y un constante seguimiento por parte de las autoridades locales.
La iglesia perseguida sigue creciendo

Paradójicamente, la persecución no ha detenido el avance del cristianismo en China. Diversos ministerios dedicados a servir a la iglesia perseguida señalan que muchas congregaciones continúan multiplicándose mediante el discipulado personal, la oración y el estudio de la Palabra de Dios.
Lejos de depender de grandes edificios o programas masivos, numerosas iglesias sobreviven gracias a pequeños grupos que se reúnen con discreción para cantar himnos, leer la Biblia y celebrar la Cena del Señor.
El testimonio del pastor recuerda las palabras del apóstol Pablo:
“Pero la palabra de Dios no está presa” (2 Timoteo 2:9, RVR1960).
La historia de la iglesia demuestra que, aun cuando los creyentes son encarcelados, el evangelio continúa extendiéndose porque su poder proviene de Dios y no de las circunstancias humanas.
Una perspectiva bíblica sobre el sufrimiento cristiano
La persecución nunca debe buscarse deliberadamente, pero el Nuevo Testamento enseña que forma parte de la experiencia normal de muchos discípulos de Cristo.
El apóstol Pedro escribió precisamente a creyentes que enfrentaban hostilidad por causa de su fe:
“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (1 Pedro 4:12).
Desde una perspectiva bautista histórica, el sufrimiento del creyente no constituye un castigo por parte de Dios para quienes están en Cristo, sino una prueba mediante la cual el Señor fortalece la fe, produce perseverancia y da testimonio de Su gloria delante del mundo.
El relato de este pastor chino ilustra esa verdad: hombres y mujeres pueden perder su libertad, pero ninguna autoridad terrenal puede separar al pueblo de Dios del amor de Cristo.
Cómo puede responder la iglesia alrededor del mundo

La persecución de los cristianos en distintos países invita a la iglesia global a responder de manera bíblica y práctica. Algunas formas de hacerlo incluyen:
Orar por los creyentes perseguidos y por su perseverancia.
Interceder por la conversión de quienes persiguen a la iglesia.
Informarse sobre la realidad de la libertad religiosa en el mundo.
Apoyar ministerios que sirven a iglesias perseguidas con literatura bíblica y ayuda humanitaria.
Permanecer fieles a la autoridad suprema de las Escrituras en cualquier contexto cultural.
La verdadera fortaleza de la iglesia nunca ha descansado en el poder político, sino en la obra soberana de Cristo, quien prometió: “Edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).






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