Proponen el Día Nacional de la Biblia en Colombia: ¿un reconocimiento a las Escrituras o un nuevo debate sobre la libertad religiosa? Análisis y reflexión

La senadora Sara Castellanos presentó un proyecto de ley que busca establecer el 31 de octubre como Día Nacional de la Biblia. La propuesta pretende reconocer el aporte religioso, histórico, cultural y lingüístico de las Escrituras a la sociedad colombiana.
La iniciativa ha generado respaldo entre sectores cristianos, pero también cuestionamientos relacionados con el carácter laico del Estado y la neutralidad de las instituciones públicas. Por eso, la discusión merece un análisis que no se limite a celebrar o rechazar la propuesta, sino que examine sus implicaciones.
Según los reportes publicados el 29 y 30 de octubre, el proyecto fue presentado ante el Congreso y deberá superar cuatro debates legislativos para convertirse en ley. Por tanto, Colombia todavía no tiene establecido por esta iniciativa un Día Nacional de la Biblia mediante una ley aprobada.
1. ¿En qué consiste la propuesta del Día Nacional de la Biblia?
La iniciativa propone que cada 31 de octubre se conmemore en Colombia el Día Nacional de la Biblia.
La fecha tiene una relación histórica con la Reforma protestante, pues el 31 de octubre de 1517 Martín Lutero hizo públicas sus 95 tesis en Wittenberg, acontecimiento que se convirtió en uno de los hitos de la Reforma.
La propuesta busca reconocer la influencia de la Biblia en la formación cultural, histórica, literaria y lingüística de la sociedad. Según lo expresado por la congresista, no se pretende crear un nuevo día festivo ni obligar a los ciudadanos a participar en actividades religiosas.
La iniciativa también ha generado controversia por la distribución de ejemplares de la Biblia entre congresistas y por la participación de representantes del Gobierno en el acto de presentación.
El representante Miguel Grisales cuestionó la iniciativa desde la perspectiva de la neutralidad religiosa y recordó que el Congreso representa a ciudadanos con distintas creencias y convicciones.
Un aspecto importante: reconocer la influencia histórica de la Biblia no significa que todos los colombianos deban profesar la fe cristiana. La libertad religiosa también protege a quienes pertenecen a otras religiones y a quienes no profesan ninguna.
2. ¿Qué impacto podría tener esta conmemoración en Colombia?
La creación de un Día Nacional de la Biblia podría tener diferentes efectos en la sociedad, dependiendo de cómo se implemente y de cuáles sean sus objetivos.
Un reconocimiento a la influencia histórica de las Escrituras
La Biblia ha tenido una influencia considerable en la historia de Occidente y de América Latina. Su impacto se encuentra en la literatura, la música, el arte, la educación, el pensamiento filosófico y la formación de numerosas instituciones sociales.
En Colombia, la tradición cristiana ha participado durante siglos en la configuración de expresiones culturales, educativas y comunitarias. Por eso, estudiar la influencia de las Escrituras también permite comprender una parte importante de la historia del país.
Una jornada conmemorativa podría convertirse en una oportunidad para promover:
La lectura y el conocimiento de la Biblia.
La difusión de la historia de la traducción de las Escrituras al español.
El conocimiento de la Reforma protestante y su relación con la circulación de la Biblia.
Conversatorios sobre la influencia bíblica en la literatura, la educación y la cultura.
Actividades voluntarias de lectura y formación organizadas por iglesias y organizaciones cristianas.
Una oportunidad para promover la lectura bíblica
Uno de los mayores desafíos de la Iglesia no consiste simplemente en conseguir que exista una fecha oficial para la Biblia, sino en fomentar que las personas conozcan verdaderamente su contenido.
Una conmemoración puede despertar interés, pero el verdadero valor de las Escrituras no depende de una declaración gubernamental.
Es posible que una persona participe en una celebración del Día de la Biblia sin haber leído nunca un Evangelio completo. Por eso, el desafío para las iglesias será aprovechar esta oportunidad para impulsar la lectura, la enseñanza y el estudio responsable de la Palabra de Dios.
La Biblia no necesita una declaración del Congreso para tener autoridad; su autoridad procede de Dios. Sin embargo, una fecha conmemorativa podría servir como instrumento para acercar a más personas a su lectura.
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3. Día de la Biblia y libertad religiosa: ¿dónde está el límite?
Este es uno de los aspectos más importantes del debate colombiano.
La Constitución Política de 1991 establece en su artículo 19:
Se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva. Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley.
Además, la Ley 133 de 1994 desarrolla este derecho y establece que ninguna iglesia o confesión religiosa será oficial o estatal. También reconoce que el Estado debe proteger las creencias y garantizar la igualdad entre las diferentes confesiones.
Esto significa que Colombia no es un Estado confesional. Las autoridades no pueden convertir una determinada religión en la religión oficial del país ni favorecerla en detrimento de las demás.
Pero hay una distinción importante: un Estado laico no es un Estado enemigo de la religión.
La neutralidad estatal no significa prohibir que los ciudadanos expresen su fe, que las iglesias participen en la vida pública o que se reconozca la influencia histórica de las religiones.
Significa que el Estado debe garantizar que todas las personas puedan ejercer sus derechos sin recibir privilegios o discriminación por sus convicciones religiosas.
¿Puede el Estado reconocer la Biblia sin favorecer una religión?
Esta es precisamente la pregunta jurídica que deberá examinar el Congreso.
Los promotores de la iniciativa argumentan que se trata de reconocer la influencia histórica, cultural y lingüística de la Biblia, sin obligar a nadie a participar en actividades religiosas.
Por otra parte, sus críticos advierten que una declaración oficial dedicada a un texto sagrado específico podría interpretarse como un favorecimiento institucional de una tradición religiosa.
La Corte Constitucional ha desarrollado criterios sobre este asunto. En la Sentencia C-766 de 2010 explicó que el carácter laico del Estado colombiano exige neutralidad en materia religiosa e igualdad entre las confesiones. También ha reiterado que las autoridades no deben promover o patrocinar una religión particular desde el ejercicio de sus funciones.
La discusión, por tanto, no se resuelve únicamente afirmando que la Biblia tiene importancia cultural. También es necesario examinar el contenido concreto de la ley, sus objetivos, sus destinatarios y las actividades que eventualmente ordene desarrollar.
El antecedente de Chía: una advertencia jurídica
Hay un antecedente que merece especial atención.
En 2013, el Concejo Municipal de Chía aprobó el Acuerdo 040, mediante el cual se estableció el 30 de septiembre como Día de la Biblia.
Sin embargo, después de una demanda ciudadana, el Juzgado Segundo Administrativo de Zipaquirá declaró la nulidad del acuerdo en julio de 2024. En agosto de 2026, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca confirmó esa decisión.
Entre los cuestionamientos estuvo el uso de recursos y actuaciones públicas para promover una conmemoración vinculada a un texto religioso específico, lo que entraba en tensión con el principio de neutralidad del Estado.

Este antecedente no significa que cualquier iniciativa nacional relacionada con la Biblia sea automáticamente inconstitucional. Sí demuestra que el propósito, la redacción y la aplicación de una norma deben examinarse cuidadosamente.
El Congreso tendrá que considerar estas experiencias para evitar que una iniciativa de reconocimiento cultural termine generando conflictos con los derechos constitucionales.
4. ¿Cómo les ha ido a otros países que tienen un Día Nacional de la Biblia?
Colombia no es el primer país latinoamericano en debatir o establecer una fecha dedicada a las Escrituras. En distintos países existen conmemoraciones nacionales que buscan promover su lectura y reconocer su influencia en la sociedad.
Veamos algunos ejemplos.
Guatemala: primer sábado de agosto
En 2025, el Congreso aprobó el Decreto 5-2025, que declaró el primer sábado de agosto como Día de la Biblia. La disposición reconoce su relevancia histórica, espiritual y cultural para el pueblo guatemalteco.
Es un ejemplo reciente de reconocimiento legislativo.
República Dominicana: 27 de septiembre
La Ley 204-84 estableció el 27 de septiembre como Día Nacional de la Biblia. Cada año se realizan actividades de lectura, oración y encuentros organizados por comunidades cristianas. La Biblia también aparece abierta en el escudo nacional dominicano.
Honduras: último domingo de septiembre
El país conmemora el Día Nacional de la Biblia el último domingo de septiembre. La jornada se relaciona con actividades de promoción de la lectura y el estudio de las Escrituras.
Paraguay: último domingo de octubre
En septiembre de 2026, la Cámara de Diputados sancionó un proyecto para declarar el último domingo de octubre como Día Nacional de la Iglesia Evangélica. La iniciativa reconoce el aporte histórico, cultural, educativo, social y espiritual de las iglesias evangélicas. Es importante precisar que no se trata de un Día Nacional de la Biblia.
¿Qué enseñan estas experiencias?
Los ejemplos muestran que las conmemoraciones bíblicas pueden incorporarse a la vida pública de diferentes maneras y en fechas distintas.
Sin embargo, establecer una fecha no demuestra por sí solo que haya aumentado la lectura bíblica, mejorado la educación religiosa o producido una transformación espiritual en la sociedad.
Para evaluar realmente su impacto sería necesario estudiar indicadores como:
El aumento de la lectura y distribución de las Escrituras.
La participación voluntaria en actividades educativas y culturales.
La creación de espacios de formación bíblica.
El respeto por las comunidades religiosas minoritarias.
La ausencia de discriminación hacia quienes no profesan la fe cristiana.
La experiencia de otros países debe servir para aprender, no para asumir que una ley producirá automáticamente los mismos resultados en Colombia.
5. ¿Por qué el 31 de octubre es una fecha significativa para los cristianos?
La elección del 31 de octubre no es casual. Esta fecha está relacionada con uno de los acontecimientos más importantes de la historia del cristianismo: la Reforma protestante.
El 31 de octubre de 1517, Martín Lutero hizo públicas sus 95 tesis en Wittenberg, Alemania. Este acontecimiento marcó un momento decisivo en el desarrollo de la Reforma y en el debate sobre las enseñanzas, las prácticas y la autoridad de la Iglesia de aquel tiempo.

Uno de los grandes asuntos que caracterizó la Reforma fue la autoridad de las Sagradas Escrituras.
Los reformadores insistieron en que la Biblia debía ocupar el lugar de autoridad suprema para la fe y la práctica cristiana, por encima de las tradiciones y autoridades humanas.
De allí surge la importancia histórica de la expresión Sola Scriptura: solamente la Escritura como autoridad final para la Iglesia.
Este principio no significa que la Iglesia no necesite maestros, pastores, confesiones de fe o estudios teológicos. Significa que todas estas autoridades deben estar sometidas a la Palabra de Dios.
La Reforma también impulsó la traducción, publicación y difusión de las Escrituras en las lenguas que hablaba el pueblo, contribuyendo a que más personas pudieran leerlas y estudiarlas.
Por eso, si Colombia decide establecer el 31 de octubre como Día Nacional de la Biblia, sería importante que la conmemoración también permita conocer la historia de la Reforma protestante y el valor que tuvo la recuperación de la centralidad de las Escrituras.
6. Una reflexión necesaria: ¿de qué sirve celebrar el Día de la Biblia si no la leemos?
Más allá de las discusiones políticas y jurídicas, esta noticia plantea una pregunta que debería interpelar especialmente a las iglesias cristianas: ¿qué lugar ocupa realmente la Biblia en nuestra sociedad y en nuestras congregaciones?
Podemos celebrar una fecha, distribuir miles de ejemplares y organizar grandes eventos, pero eso no garantiza que las personas conozcan el mensaje de las Escrituras.
La Biblia no fue entregada simplemente para convertirse en un símbolo cultural, un elemento decorativo o un objeto de reconocimiento institucional. Fue dada por Dios para revelar su voluntad, mostrar nuestra condición delante de Él y dar testimonio de Jesucristo.
El apóstol Pablo escribió:
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.2 Timoteo 3:16 (RVR1960).
Este pasaje nos recuerda que la Escritura tiene un propósito mucho más profundo que el reconocimiento social.
La Palabra de Dios enseña la verdad, confronta el pecado, corrige nuestros pensamientos y nos instruye para vivir conforme a la voluntad del Señor.
Por eso, la responsabilidad de la Iglesia no termina cuando se consigue una declaración oficial. Su misión es predicar fielmente el evangelio, enseñar las Escrituras y formar discípulos que vivan bajo la autoridad de Cristo.
La Biblia debe ser conocida, enseñada y obedecida
En 2 Timoteo 3:14-17, Pablo exhorta a Timoteo a permanecer en lo que había aprendido, recordándole que desde la niñez conocía las Sagradas Escrituras.
El apóstol no estaba hablando simplemente de conservar un libro, sino de permanecer en la verdad que conduce a la salvación por medio de la fe en Jesucristo.
Esto nos permite identificar tres responsabilidades fundamentales:
Conocer las Escrituras: no podemos defender aquello que desconocemos. La Iglesia necesita recuperar el estudio serio, sistemático y fiel de la Palabra de Dios.
Enseñar las Escrituras: las nuevas generaciones necesitan recibir una formación bíblica sólida, que no dependa de las modas culturales ni de las opiniones humanas.
Vivir conforme a las Escrituras: el conocimiento bíblico debe conducir a una vida de obediencia, santidad y dependencia de Dios.
Una celebración nacional podría ser una oportunidad para recordar estas responsabilidades, pero no debe confundirse el reconocimiento institucional de la Biblia con la verdadera transformación espiritual que produce el evangelio.
7. ¿Qué debería tener en cuenta Colombia si aprueba el Día Nacional de la Biblia?
El debate no debería reducirse a una confrontación entre creyentes y no creyentes, ni entre quienes apoyan la propuesta y quienes cuestionan sus implicaciones jurídicas.
Es posible reconocer la influencia histórica del cristianismo y, al mismo tiempo, defender plenamente la libertad religiosa de todos los ciudadanos.
Si el proyecto avanza, sería importante considerar algunos principios:
Libertad de participación: ninguna persona debe ser obligada a participar en actividades religiosas.
Respeto por la diversidad: las personas de otras confesiones y quienes no profesan ninguna religión deben recibir el mismo respeto y protección.
Neutralidad institucional: las entidades públicas deben evitar convertir una conmemoración cultural en una práctica de adhesión religiosa.
Propósito educativo y cultural: debe existir claridad sobre las actividades que se pretenden desarrollar y sus alcances.
Transparencia en el uso de recursos públicos: cualquier actividad financiada por el Estado debe respetar los principios constitucionales de igualdad y neutralidad.
El reconocimiento de la Biblia no debe convertirse en un instrumento de presión política ni en una herramienta para establecer privilegios religiosos.
La libertad religiosa protege tanto el derecho de los cristianos a expresar públicamente su fe como el derecho de los demás ciudadanos a tener convicciones diferentes.
8. Conclusión: una nación necesita más que una fecha para recuperar el valor de las Escrituras
La propuesta de establecer el 31 de octubre como Día Nacional de la Biblia en Colombia abre una conversación importante sobre la influencia de las Escrituras, la historia del cristianismo y el lugar de la religión en la vida pública.
Los ejemplos de Guatemala, República Dominicana y Honduras muestran que existen otras experiencias latinoamericanas de reconocimiento legislativo de esta conmemoración. Sin embargo, también debemos comprender que una ley no produce por sí misma un despertar espiritual ni garantiza que las nuevas generaciones conozcan la Palabra de Dios.
Colombia tiene el desafío de proteger la libertad religiosa, respetar el pluralismo y permitir que las comunidades cristianas continúen desarrollando su labor educativa, evangelística y social dentro del marco constitucional.
Desde la perspectiva de la Iglesia, la reflexión es todavía más profunda: no necesitamos solamente que se declare un día para la Biblia; necesitamos que la Palabra de Dios vuelva a ocupar un lugar central en nuestros hogares, congregaciones y púlpitos.
No basta con tener una Biblia en las manos si no estamos dispuestos a escuchar lo que Dios ha revelado en ella.
La verdadera importancia de las Escrituras no está en que un gobierno las reconozca, sino en que los hombres y las mujeres escuchen su mensaje, conozcan a Jesucristo y sean confrontados por la verdad del evangelio.
Una fecha puede despertar interés por la Biblia, pero solamente su lectura, enseñanza y proclamación fiel permitirán que las personas conozcan el mensaje que ella anuncia: Jesucristo, el Salvador.






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