Pastor de Ohio revela que tiene dos esposas desde hace tres años y desata un debate sobre la interpretación de la Biblia

Un pastor estadounidense defendió públicamente la poligamia y afirmó que la enseñanza de que un hombre debe tener una sola esposa es “antibíblica”. El caso reabre una discusión fundamental para las iglesias: ¿estamos interpretando las Escrituras en su contexto o utilizando versículos aislados para justificar nuestras decisiones?
Una controversia relacionada con el matrimonio y la interpretación de las Escrituras ha generado debate en el ámbito cristiano estadounidense. Israel Ford, fundador de LifeWorks Church, una congregación ubicada en el área de Cleveland, Ohio, anunció públicamente que mantiene una relación matrimonial con dos mujeres desde hace aproximadamente tres años.
Según informó medios locales el 26 de octubre de 2026, Ford presentó públicamente a Shakayla Ford como su segunda esposa durante una reunión de la congregación. Su primera esposa, Lydia Ford, participó en el anuncio y describió la relación como un matrimonio poligínico, término que se utiliza cuando un hombre tiene más de una esposa.
La noticia llamó la atención no solamente por la naturaleza de la relación, sino también por la justificación religiosa ofrecida por el pastor. En una publicación en redes sociales, Ford sostuvo que la enseñanza de que un hombre debe tener una sola esposa es “antibíblica” y anunció su intención de explicar su posición mediante un sermón.
El episodio ha suscitado preguntas entre cristianos y líderes eclesiásticos sobre el matrimonio, los requisitos bíblicos para quienes ejercen el pastorado y la responsabilidad de interpretar correctamente la Palabra de Dios.
¿Qué ocurrió en la iglesia de Ohio?
Durante la reunión, Lydia Ford presentó a Shakayla ante la congregación y explicó públicamente que las tres personas formaban parte de una relación que describieron como una familia poligínica.
Shakayla, quien también participa en el ministerio de la iglesia, manifestó que consideraba que esta situación correspondía a la voluntad de Dios. La presentación fue recibida con aplausos por parte de algunos asistentes.
Posteriormente, Israel Ford defendió su postura en redes sociales y cuestionó la enseñanza cristiana tradicional sobre la monogamia, afirmando que la idea de que un hombre debe tener una sola esposa no sería bíblica.
Sin embargo, los reportes publicados hasta el momento no permiten establecer todos los detalles legales de la relación ni confirmar que exista un segundo matrimonio civil registrado. Por eso, es importante distinguir entre los hechos comunicados públicamente y las cuestiones que todavía no están aclaradas.
La controversia también ha puesto sobre la mesa una pregunta que va más allá de este caso particular: ¿es suficiente encontrar un pasaje bíblico que mencione una práctica para concluir que Dios la aprueba?
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El peligro de utilizar la Biblia fuera de contexto
Uno de los argumentos relacionados con esta controversia es Éxodo 21:10, pasaje que establece obligaciones para un hombre que toma otra mujer, relacionadas con el alimento, el vestido y los derechos conyugales.
Quienes defienden la poligamia pueden recurrir a este texto para sostener que la ley del Antiguo Testamento contemplaba situaciones en las que un hombre tenía más de una esposa.
Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre regular una situación que existía en una sociedad y establecer que esa situación representa el ideal moral de Dios para su pueblo.
La Biblia contiene relatos de hombres que tuvieron varias esposas, pero la presencia de una práctica en una narración bíblica no significa, por sí sola, que Dios la esté aprobando como modelo para todos los creyentes.
Para interpretar correctamente un pasaje es necesario considerar su contexto histórico, literario y teológico, así como su relación con el resto de las Escrituras.
La pregunta no debe limitarse a qué palabras aparecen en un versículo. También debemos preguntarnos qué está enseñando el autor inspirado, qué situación aborda el texto y cómo se relaciona con el propósito general de la revelación bíblica.

¿Qué enseña la Biblia sobre el matrimonio?
Desde las primeras páginas de las Escrituras encontramos el fundamento del matrimonio en el diseño de Dios para el hombre y la mujer.
Génesis 2:24 declara:
“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”.
Este pasaje establece el patrón de unión matrimonial que posteriormente Jesucristo reafirma en Mateo 19:4-6. Cuando los fariseos le preguntaron acerca del matrimonio y el divorcio, Jesús no construyó su respuesta a partir de las costumbres de su época ni de casos particulares de la historia de Israel. En cambio, remitió a sus oyentes al propósito original del Creador.
Jesús afirmó que Dios hizo al hombre y a la mujer y citó el texto de Génesis para explicar que los dos serían una sola carne. Luego concluyó:
“Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:6).
El énfasis de Jesús está en el diseño del Creador y en la seriedad del vínculo matrimonial. Por ello, una interpretación cristiana del matrimonio debe considerar este fundamento, en lugar de basarse únicamente en ejemplos de personajes bíblicos que tuvieron varias esposas.
Esto no significa ignorar los relatos del Antiguo Testamento, sino interpretarlos a la luz de la enseñanza completa de la Palabra de Dios.
Los relatos bíblicos no siempre son ejemplos para imitar
Abraham, Jacob, David y Salomón aparecen en las Escrituras dentro de historias que incluyen relaciones matrimoniales múltiples. No obstante, el texto bíblico también relata conflictos familiares, rivalidades, sufrimiento y graves consecuencias relacionadas con sus decisiones.
En Génesis 16, la relación de Abraham con Agar, dentro de la situación familiar descrita en el capítulo, produjo conflictos y aflicción. En la historia de Jacob, Génesis 29–30 presenta rivalidad y tensión entre Lea y Raquel. En el caso de Salomón, 1 Reyes 11:1-4 relaciona sus numerosas mujeres con el desvío de su corazón hacia otros dioses.
Estos relatos muestran por qué es necesario distinguir entre la descripción de un acontecimiento y la prescripción de una conducta.
Que la Biblia relate que alguien hizo algo no significa que ordene a los creyentes hacerlo. Las Escrituras narran tanto actos de obediencia como pecados, errores y decisiones cuyas consecuencias sirven de advertencia.
Extraer una práctica de su relato y convertirla automáticamente en una norma equivale a pasar por alto la intención del texto.
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Los requisitos bíblicos para los pastores
La controversia adquiere especial importancia porque Israel Ford no es solamente una figura pública: ejerce liderazgo religioso.
En 1 Timoteo 3:2, el apóstol Pablo enseña que el obispo debe ser irreprensible, “marido de una sola mujer”, sobrio, prudente y apto para enseñar. Una expresión semejante aparece en Tito 1:6 al describir los requisitos de los ancianos.
Estos pasajes tienen una importancia directa para evaluar el carácter y la idoneidad de quienes dirigen la iglesia. Aunque existen debates interpretativos sobre el alcance exacto de la expresión “marido de una sola mujer”, no es responsable ignorarla cuando se examina la conducta matrimonial de un líder cristiano.
El liderazgo en la iglesia no se fundamenta únicamente en el carisma, la popularidad, las experiencias personales o las afirmaciones de recibir dirección divina. Debe estar sometido a la autoridad de la Palabra de Dios.
Un pastor no tiene autoridad para convertir sus preferencias personales en mandamientos divinos. Por el contrario, quienes enseñan las Escrituras tienen la responsabilidad de manejarlas fielmente y de someterse a la doctrina que ellas enseñan.
Santiago 3:1 advierte que quienes enseñan recibirán un juicio más estricto. Esta advertencia debería producir humildad y temor reverente en todo aquel que ocupa un lugar de responsabilidad espiritual.
Cuando una interpretación busca justificar lo que ya hemos decidido
Uno de los peligros más serios en la vida cristiana consiste en acercarnos a la Biblia con una decisión tomada de antemano y después buscar versículos que parezcan respaldarla.
Este procedimiento invierte el orden correcto. En vez de permitir que la Palabra de Dios examine nuestros pensamientos, deseos y acciones, hacemos que las Escrituras parezcan estar de acuerdo con nosotros.
La segunda carta a Timoteo 2:15 exhorta al creyente a presentarse ante Dios como alguien aprobado, que usa bien la palabra de verdad. Esto exige estudiar con diligencia, respetar el sentido del texto y evitar interpretaciones que contradigan el mensaje general de las Escrituras.
También debemos recordar que una afirmación no se vuelve verdadera simplemente porque alguien la presente desde un púlpito, la acompañe de un testimonio personal o asegure que Dios se la reveló.
En 1 Tesalonicenses 5:21, Pablo exhorta a examinarlo todo y retener lo bueno. La iglesia necesita ejercer ese discernimiento con humildad, pero también con firmeza doctrinal.
No se trata de condenar apresuradamente a las personas ni de alimentar ataques en redes sociales. Se trata de reconocer que las afirmaciones doctrinales deben ser examinadas a la luz de la revelación de Dios.

La iglesia necesita fidelidad bíblica, no nuevas justificaciones
El caso de Ohio deja una pregunta relevante para las congregaciones cristianas: ¿estamos dispuestos a permitir que las Escrituras corrijan nuestras convicciones, incluso cuando su enseñanza resulta incómoda?
La fidelidad bíblica requiere leer cada pasaje en su contexto, considerar el conjunto de la revelación y distinguir entre lo que la Biblia describe y lo que manda. También exige que los líderes cristianos estén dispuestos a rendir cuentas ante la iglesia y a someter su enseñanza al examen de la Palabra.
El problema no consiste únicamente en una controversia matrimonial. El asunto de fondo es la autoridad de las Escrituras: ¿es la Biblia la que determina nuestras creencias y nuestra conducta, o la utilizamos selectivamente para defender lo que deseamos hacer?
Cuando un texto se separa de su contexto, puede convertirse en una herramienta para justificar casi cualquier postura. Pero cuando las Escrituras se estudian con reverencia, atendiendo a su intención y a su mensaje completo, quedan expuestos los errores que nacen de una lectura parcial.
La iglesia de Jesucristo está llamada a permanecer firme en la verdad, aun cuando hacerlo resulte impopular.
Reflexión bíblica: la autoridad de Dios está por encima de nuestras preferencias
La Palabra de Dios no fue entregada para que cada persona construya una doctrina a su medida. Fue dada para revelar quién es Dios, mostrar nuestra condición delante de Él y conducirnos a la verdad que encontramos en Jesucristo.
Por eso, la pregunta más importante ante una controversia de esta naturaleza no es si una interpretación puede defenderse mediante un versículo aislado, sino si esa interpretación respeta el sentido del pasaje y concuerda con la enseñanza de toda la Escritura.
Jesús dijo en Juan 17:17: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”.
La verdad bíblica no depende de la aceptación de una congregación, del aplauso de una multitud ni de la seguridad con la que un líder presenta sus argumentos. La autoridad pertenece a Dios, y la iglesia tiene el deber de escuchar, obedecer y proclamar fielmente su Palabra.
Este caso debe llevarnos a examinar no solamente las afirmaciones de otros, sino también nuestra propia manera de leer la Biblia. ¿Buscamos comprender lo que Dios ha revelado, o buscamos que Dios parezca aprobar lo que nosotros ya hemos decidido?
La respuesta determinará si tratamos las Escrituras como la autoridad suprema para nuestra fe y conducta o como una colección de frases que podemos utilizar según nuestra conveniencia.






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